¿Quito necesita ayunda?

Por Jesús Longo

¡Quito Grande Otra Vez! Este eslogan promociona el ascenso de popularidad del nuevo alcalde, Jorge Yunda, luego de haber ganado las elecciones con el voto de apenas 2 de cada 10 quiteños. Sin duda alguna, la mayor de sus luchas en estos cien días de gestión fue aumentar su aceptación y popularidad en la caótica capital de la República.

Pero este eslogan que está estampado en todo, sí, en todo, incluso en las calles, no busca precisamente darle una nueva cara a la ciudad, sino que más bien parece ser parte de una agenda política que se extiende más allá de los límites del Distrito Metropolitano. Entonces, ¿cuál es la intención de Jorge Yunda en la Alcaldía de Quito? Esta es la pregunta que se hacen muchas personas frente a la gestión del nuevo burgomaestre, y es que, a primera vista, parece que se repite la historia para un pueblo sin memoria, un candidato carismático que alimenta su popularidad con respuestas vagas y esquivas frente a los verdaderos retos de la ciudad de Quito.

¿Es la intención de Jorge Yunda utilizar su Alcaldía como trampolín a la política nacional? Al menos dentro de sus primeros cien días parecería que sí. Personalmente, me inclino hacia esta postura, pues los actos mediáticos del alcalde solo demuestran una intención clara de ir sumando votos a las urnas en una posible carrera presidencial. Y es que, sus asesores tienen muy claro que apostarle a las nuevas generaciones es la solución, esto, dibujando un discurso animalista, empoderado y ecológico.

Si bien estos fines son completamente válidos, lo que le preocupa a la ciudadanía es que no existen planes claros para poder enfrentar los problemas fundamentales de la ciudad, como la contaminación, la inseguridad, las ventas ambulantes y el caos vehicular. Tal vez el problema sea que hasta el momento solo hemos escuchado propuestas, cuando lo que necesitamos son acciones.

Pero más allá de las obras o los proyectos que pueda liderar el nuevo burgomaestre, existe un cuestionamiento que sobrepasa el nivel de gestión de los alcaldes que han estado y de los que estarán un día a la cabeza de la ciudad, ¿qué hacer con los malos quiteños? Tenemos que reconocer que la realidad actual de la ciudad no es culpa únicamente de las malas, y hasta terribles, administraciones que han pasado por el puesto sin dejar más que decepciones. El problema es el mal ciudadano, el quiteño altamente conflictivo, discriminador y destructor del bien público; ese quiteño facilista e irrespetuoso de las normas legales y sociales, de comportamiento arrogante y clasista.

A la final la responsabilidad de todo lo malo que hay y que ocurre en la ciudad recae en cada ciudadano que decide no ceder el paso, que se parquea donde quiere, que no pone direccionales, que no respeta al peatón, que bota la basura en la calle, que no hace buen uso del espacio público, y, en fin, que no respeta las normas mínimas de convivencia. Esos ciudadanos son el mayor obstáculo para el desarrollo de la ciudad.

Así, el Alcalde Yunda no solo tiene el reto de hacer obras y mejorar la infraestructura de Quito, sino que tiene el reto de educar e inspirar a las próximas generaciones a ser más conscientes y respetuosas del ambiente en el que viven y de la gente con la que conviven.


Más sobre el autor:

Jesús Longo. Abogado por la Universidad San Francisco de Quito, Director Ejecutivo de Diálogos por la Democracia y Consejo Principal del Consejo Consultivo de Gobierno del Distrito Metropolitano de Quito.

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