El estado de Alabama irá a elecciones el 12 de diciembre para elegir a un nuevo senador. Lo característico de esta elección es que el candidato del partido Republicano, Roy Moore, ha sido salpicado por una serie de denuncias de acoso y esto ha provocado que el candidato del partido Demócrata, Doug Jones, avance un poco más en las encuestas. Sin embargo, el apoyo que tiene Moore sigue siendo sorpresivamente alto y esto se debe a la larga tradición conservadora de este estado del sur.  En este artículo, se discutirá sobre el dilema al que se enfrentan aquellos ciudadanos de Alabama que, al ser conservadores, no conciben votar por un Demócrata; pero que, a la vez, no apoyan a un candidato deslegitimizado por sus denuncias.

Un poco de contexto

Existe un prejuicio recurrente hacia Alabama: ser un estado altamente conservador. Y es cierto. Remitiéndonos a la Guerra Civil estadounidense de mediados del siglo XIX, pasando por la lucha por eliminar la segregación racial en la década de 1960, hasta el día de hoy, Alabama ha probado una y otra vez su carácter tradicionalista y conservador. Hechos como la prohibición de jugar dómino los domingos, la prohibición de la venta de juguetes sexuales, la permisibilidad hacia la venta y porte de armas y el apoyo brindado a la candidatura de Donald Trump (todos estos vigentes hoy en día), no hacen sino confirmar las sospechas hacia este estado sureño. Este conservadurismo tan particular de Alabama tuvo sus consecuencias en las últimas elecciones presidenciales. Trump ganó en este estado con el 62% de los votos (aunque existen condados en los que ganó con el 89%). Richard Shelby, candidato republicano al Senado, ganó con el 64% y 6 de los 7 congresistas que fueron elegidos son de aquel partido también.

En enero de este año, el presidente Trump designó como Fiscal General a “Jeff” Sessions, quien hasta entonces era el otro senador por Alabama. Al quedarse sin uno de sus senadores, el estado ha convocado a elecciones para este diciembre. Es en este contexto en que se realizarán los comicios.

Los candidatos

Después de las elecciones primarias de rigor dentro de los dos partidos contendientes, los candidatos ganadores resultaron ser Roy Moore y Doug Jones.

El primero es un republicano en toda su integridad. En temas económicos y políticos, aboga por una reducción tanto de impuestos, como de control estatal; en temas migratorios, es proteccionista y está a favor de construir el muro con México; en cuanto a salud, está en contra del polémico Obamacare; está a favor de la venta y porte de armas; y en cuestiones sociales, se opone al aborto, al matrimonio o unión civil de personas del mismo sexo y a la presencia de personas homosexuales en las fuerzas armadas.

El segundo, cabe decirlo, es de igual manera muy típicamente demócrata. En temas económicos, pretende elevar el salario mínimo del estado; considera el acceso universal a la salud como un derecho; se muestra a favor de la protección del ambiente y en cuestiones sociales, ha sido un defensor de los derechos civiles de las comunidades afroamericanas, está a favor del matrimonio de personas del mismo sexo y a favor de la despenalización del aborto antes de las 22 semanas de embarazo.

En los zapatos de un conservador moderado

Debido a la oportunidad que he tenido de estudiar en Alabama, he podido palpar de primera mano el conflicto con el que se encuentran una gran cantidad de alabameños que, considerándose conservadores, no se ven representados por ninguno de los dos candidatos. Discutiendo con personas de distintas denominaciones cristianas, distintos estratos sociales y distintas edades, he encontrado que no podrían votar por ninguno de los dos candidatos y “mantener su conciencia tranquila”. Pero ¿cuál es el conflicto?

Desde el 15 de noviembre de este año, una serie de denuncias hacia Moore por acoso en la década de los 70 empezaron a salir del anonimato. En términos generales, se acusa a Moore de haber acosado adolescentes (incluyendo a una niña de 14 años) cuando él tenía más de 30. Las denuncias chocan con la imagen que el candidato ha pretendido proyectar; es decir, la de ser un devoto baptista. Sin embargo, la polémica no acaba ahí. Este candidato ha lanzado frases como “la homosexualidad es un acto tan atroz, que desafía, incluso, el poder definirlo” y ha llegado a sugerir que los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001 fueron castigos de Dios hacia Estados Unidos por alejarse de Él.

El candidato del partido que encarna el carácter de su estado deja de ser, entonces, la clara elección para un gran grupo de alabameños que, siendo conservadores, no son fanáticos. El conflicto radica en que una persona así no representa al conservador moderado, al ciudadano promedio. Y sé de primera mano que un católico (el 8% de la población alabameña), por ejemplo, no podría votar por una persona con ese historial de actos y declaraciones y quedarse con la conciencia tranquila. La problemática se profundiza, sin embargo, cuando el otro candidato tampoco representa al ciudadano promedio del sur, sobre todo cuando se trata de los eternos temas polémicos como la venta libre de armas, el matrimonio homosexual, el aborto, la legalización de las drogas, etc.

El momento en que el ciudadano medio (el conservador moderado), el sureño tradicionalista que quiere mantener su identidad y guardar aquellos valores que considera buenos, pero de los cuales no es un fanático ciego; el momento en que aquel ciudadano no tiene por quién votar y, como en Estados Unidos el voto es facultativo, simplemente no vota. Esta es la única alternativa que tienen aquellos ciudadanos moderados que no se sienten representados. ¿Quiénes son los que votan, entonces? Los conservadores extremistas que apoyan los discursos racistas, nacionalistas y homófobos, ellos son los que votan. Una clara prueba de esto fue el triunfo de Trump (quien también tenía denuncias similares en su contra). Y es de esta manera cómo el extremismo y la polaridad se acentúan aún más: los electores son un grupo minoritario y extremista; los elegidos, se encargan de seguir dividiendo, alimentando el discurso de discriminación y odio.

El establishment político

El caso de Alabama es muy representativo de un fenómeno recurrente: en términos económicos se puede decir que la oferta de candidatos no busca identificarse con la demanda de los votantes. Existe un fanatismo tan grande al momento de dividir lo republicano con lo demócrata dentro del establishment político estadounidense que no permite a los candidatos moderados salir a la luz: solo tienen éxito aquellos que se muestran típicamente conservadores o típicamente liberales y esto no coincide con la realidad de los ciudadanos de a pie.

Una política que no surge de la ciudadanía no puede ponerse al servicio de ella. Defender los intereses del partido puede, muchas veces, implicar no defender los intereses de los ciudadanos. Es, en fin, un tipo de política que destruye el sentido mismo de la democracia (el gobierno de, para y por el pueblo) y eso es un acto tan atroz que desafía, incluso, el poder definirlo.


Referencias

Photo credit:  WVUA 23, 2016. From http://wvua23.com/west-alabama-nov-8-election-result-rundown/


Autor:

alejandroramos_foto.png

 

Alejandro Ramos, Arquitecto – Universidad San Francisco de Quito.

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