“Escuché muchas advertencias, pero ninguna me detuvo en mi decisión. Sin embargo, ahora me encuentro estancada sin saber si realmente vale la pena continuar. La niebla me ha acechado hace tanto tiempo, pero finalmente ha logrado atraparme. Al emprender mi viaje, jamás imaginé que perdería mi convicción en él. Me he dejado contagiar de la decepcionante perspectiva de la política y comencé a sentirme culpable por intentar encontrarla en mi vida. Mi esfuerzo por ir en contra de la corriente parece haber sido en vano. El fracaso parece describir perfectamente mi experiencia”.

Pensamientos como este no son inusuales.  Este extraño sentimiento de frustración solo confirma el gran desafío que involucra hacer política y, por ello, es realmente necesario tomar en cuenta ciertos aspectos para no desviarse del camino o terminar abruptamente con tu viaje.

Si quieres ir adelante, debes entender qué es política. Mucho se escucha, pero no todo es cierto. Nuestra sociedad le ha otorgado una esencia negativa a la política que refleja el mal ejercicio que han realizado personas en nombre de la misma. Se suele interpretar como aquella lucha interminable por el poder que beneficia a muy pocos. Sin embargo, la política es algo totalmente diferente. La política es el bien común que solo puede existir si se reconoce la pluralidad de los hombres (Arendt, 1997). La política es inclusiva y, por ende, todos somos capaces de ser políticos y, sobre todo, tenemos la gran responsabilidad de serlo. Nuestra sociedad es diversa y mientras lo sigamos negando continuaremos acumulando muchos conflictos innecesarios en nuestra historia.

Otro descubrimiento importante es que para ser político se debe cumplir ciertos requisitos. El primero es ser ético. Sin ética, la política no puede existir (Aristóteles). Si no logras darle sentido a tu propia vida, no podrás darle sentido a nada más. Se debe ser un líder capaz de tomar decisiones certeras que lo acerquen a las metas perseguidas. Si te saltas este requisito por considerarlo insignificante, muy fácilmente te corromperás porque encontrarás placer en controlar a los demás. La política es interacción entre diferentes personas; es la valoración de la libertad que comienza desde nuestra propia vida.

El segundo requisito es ser un ciudadano consciente de su entorno y conocedor de sus habilidades para generar cambios en su sociedad y realizarlos. “El fin de la política no es el conocimiento, es la acción” (Aristóteles). Sin embargo, el conocimiento y la acción son interdependientes. Este requisito se lo cumple a través de pequeños detalles que son muy trascendentes. Si eres capaz de sensibilizarte con los demás aunque tengan una vida completamente distinta a la tuya, involucrándote en sus vidas con el fin de conocerlas a profundidad, ayudarlos sin convertirlos en dependientes a ti y motivándoles a apoderarse de sus vidas, has avanzado mucho en tu viaje.

El tercer requisito no es obligatorio, pero definitivamente demuestra un nivel mayor de compromiso: representar a alguien más y querer hacerlo, es decir, convertirte en un líder para los demás. Tu máximo logro en esta etapa es la alternancia porque eso refleja que has logrado transmitir la importancia de convertirse en ciudadanos responsables que quieren hacer política. Por ello, es indispensable que tu grupo esté conformado por personas que hayan crecido en el proceso. Recuerda que el grupo será quien escoja al líder, no intentes imponerte. Si no sientes conexión con el grupo en el que te encuentres, es mejor buscar uno que te permita desarrollar esa unión con los demás. Por ende, el reto no consiste en ser líder sino encontrar tu grupo, ser parte de él y cuando te sientas preparado, asumir esa gran responsabilidad. Ser líder de líderes exige mucho más y, por ende, este requisito nos enseña algo adicional: no importa si eres líder o seguidor, es suficiente con ser parte de un grupo que te represente y que no robe tu libertad.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que no puedes idealizar los resultados que obtendrás estando solo o con un grupo. La política es un proceso, y si comienzas a considerarlo fácil, puedes decepcionarte rápidamente. Al cumplir el primer requisito, uno descubre cuáles son sus propias limitaciones y la dependencia de los demás para solventarlas. Se cometerán errores. No podrás solucionar todos los problemas de un momento para otro, pero la persistencia y el involucramiento de los demás influirán para una realidad distinta. Pero, el error imperdonable es que te conviertas en una persona antiética que busque manipular a otros.

Muchas personas deciden hacer política como su profesión. Sin embargo, cuando conviertes la política en tu única fuente económica, difícilmente podrás escapar de perderte en el camino. Sobre todo porque necesitarás que los demás dependan de ti, porque tu vida perdería sentido ,y sin dinero, la misma sería muy complicada. Por ello, debes tener muy en claro por qué quieres hacer política. Si crees que es porque los demás te necesitan, ya la has desvirtuado. Si por el contrario crees que tú necesitas de los demás, has encontrado la esencia oculta de la política, la que muy pocos han podido descubrir.

En estos días, es muy común que te juzguen por ser político o por querer serlo.  En la mayoría de los casos, las personas no se lo han planteado si quiera. Pero, si hacemos política real, eso cambiará rápidamente. El mundo necesita más política y nosotros a más políticos en nuestra vida. Siempre será un desafío, pero un viaje siempre se disfruta más cuando se está acompañado. Nuestro viaje está empezando y hay muchas posibilidades de sobrevivir a los peligros que puedan presentarse si no pierdes el mapa que te está guiando, si estás seguro de tu destino y no te conformas con otro, y sobretodo si sabes que este viaje es eterno. La nueva generación de políticos se está formando, se parte de la misma. Arriésgate, comprométete y has que suceda.


Bibliografía

Arendt, H. (1997).  ¿Qué es la Política?. Barcelona: Paidos.

Aristóteles. (1998). Ética Nicomáquea. Libro 1: Sobre la felicidad. (pp. 131 – 149). Pallí, J (Trad). Madrid: Gredos.


Autora:

JOYCER

Joyce Robalino, estudiante de Relaciones Internacionales y Administración de Empresas de la Universidad San Francisco de Quito.

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