Todos los ecuatorianos debemos tomar las elecciones para la asamblea de forma tan seria como las presidenciales.

La Asamblea es la institución que mantiene a raya al poder del Presidente, a través del diseño y aprobación de las leyes que gobiernan al país. Como se establece en la Constitución vigente,  es obligación de la Asamblea “fiscalizar los actos de las funciones Ejecutiva, Electoral y de Transparencia y Control Social, y los otros órganos del poder público”. No obstante, sus atributos no se mantienen fijos a realizar un contrapeso a las acciones del ejecutivo, la importancia de la Asamblea va mucho más allá. Desde la aprobación del Presupuesto General del Estado (incluyendo los límites del endeudamiento público del país), aprobar tratados internacionales, conceder amnistías por delitos políticos e indultos por motivos humanitarios, hasta el posible enjuiciamiento político y/o destitución del Presidente, la Asamblea Nacional es, de muchas formas, la rama del gobierno que asegura de mejor manera la representatividad de los ciudadanos ecuatorianos en el gobierno, el desarrollo socio-económico en la nación y la defensa de la democracia en el país.

Por todo esto es necesario que todos y cada uno de los ecuatorianos estemos informados de los procesos que se dan dentro de la Asamblea, así como de las formas en las que nuestras decisiones individuales afectan su funcionamiento. Sin embargo, esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Cuando a un ciudadano ecuatoriano le preguntas “¿ya sabes por quién vas a votar?”, la tendencia general es que se entienda que la pregunta es sobre las elecciones presidenciales del 19 de febrero del próximo año. La triste realidad es que, mientras la mayor parte de los ecuatorianos se enfocarán exclusivamente en las elecciones presidenciales, las elecciones del poder legislativo (a darse el mismo día, por cierto) tendrán un efecto tan, o más grande, que las del poder ejecutivo.

Seamos honestos, actualmente el país se encuentra en una encrucijada. Con una contracción económica estimada por el Fondo Monetario Internacional de 2,3% para este año, y de 2,7% para el 2017, los efectos económicos de los pasados años de bonanza petrolera han dado paso a una difícil situación para el país. Uno pudiera pensar que estos problemas son solamente limitados a la economía. No obstante, al analizar la situación del país en función de libertad política, instituciones democráticas, y la situación de los medios de comunicación, es posible darnos cuenta de que no nos encontramos mejor en materias sociales. El reporte Freedom in the World, publicado anualmente por la Organización Freedom House, mide el grado de libertad política en todos los países del mundo. Según su última publicación,  Ecuador, con una puntuación de 59 sobre 100, es una sociedad parcialmente libre. De forma similar, el Democracy Index Report de la Unidad de Inteligencia de la publicación The Economist mide el estado de la democracia en 167 países del mundo utilizando más de 60 indicadores. Según este índice, en el año 2015 Ecuador se encontró en el puesto 83 del ranking, catalogado como un “Régimen Híbrido” entre democracia y autoritarismo. Nuestra puntuación no nos permitió alcanzar la categoría de “Democracia con fallas”. Finalmente, según el Índice de libertad de prensa, publicado anualmente por la ONG Reporteros Sin Fronteras, Ecuador se encuentra en el puesto 109 de 180 países, mostrando fuertes problemas en este ámbito. En este aspecto cabe notar que en el mismo índice Ecuador se encontraba en el puesto 20 de 134 países en el 2002.

¿Cuál es la relación entre estas falencias y el poder legislativo? Esta pregunta no tiene solamente una respuesta, son varios los factores que han permitido que la situación del país alcance esta posición. No obstante, uno de los puntos que hay que tomar más en cuenta es la falta de independencia de la Asamblea frente al Presidente de la República. Al no existir un sistema apropiado de pesos y contrapesos en el país, no es posible generar un ambiente donde el Imperio de la Ley pueda darse de forma adecuado. Tomando en cuenta que la presencia y funcionamiento de este concepto es necesaria para el desarrollo económico, social y político de una nación, el poseer una rama Asamblea independiente de la Presidencia es indispensable. Lastimosamente, este no es el caso en la actualidad.

Desde la victoria Alianza PAIS en las elecciones legislativas del 2013 donde el partido obtuvo más del 52% de los escaños, el poder ejecutivo ha tenido la posibilidad de influenciar fuertemente la aprobación de leyes.  Por ejemplo, desde el inicio de su actual periodo, el Presidente Correa ha presentado 38 proyectos de ley a la Asamblea, de los cuales 25 han sido aprobados (cabe notar que en el periodo legislativo de 2013 a 2017, 52 proyectos de ley han sido aprobados. Ningún asambleísta, oficialista o de la oposición, cuenta con la cantidad de proyectos de ley propuestos y aprobados necesaria para competir con el presidente. Adicionalmente, el poder del ejecutivo en la asamblea no se limita a la aprobación sin precedentes de leyes. En las muy raras ocasiones en las que el Presidente ha sido desafiado por personas pertenecientes a AP en la Asamblea, se han dado fuertes retaliaciones políticas (recordemos, entre otros, el caso de los asambleístas Paola Pabón, Gina Godoy, Soledad Buendía y Mauro Andino cuando apoyaron la despenalización del aborto en caso de violación).

Es posible nombrar más ejemplos de la autoridad que tiene el ejecutivo sobre la Asamblea; no obstante, la idea general es la siguiente: hoy en día el Legislativo trabaja para y no con el Ejecutivo en el Ecuador. Es en esta realidad en la que los ciudadanos del país nos desenvolvemos a diario, y es por esto que importan las elecciones legislativas. El gran nivel de control que tiene el Presidente sobre la Asamblea (y los efectos económicos, políticos y sociales de esto) son culpa de todos los ecuatorianos, por supuesto, incluyéndome. En su momento, no le dimos la importancia necesaria a las elecciones del poder Legislativo, y nos encontramos pagando las consecuencias en este momento. Por esto es necesario que le demos la importancia que se merece a las próximas elecciones legislativas al votar por candidatos que compartan nuestros valores. En las próximas elecciones no debemos desperdiciar la oportunidad de expresar al gobierno cómo queremos que nuestro país se mueva hacia adelante.

Photo credit: https://flic.kr/p/6KzdFn

 

Autor:

daniel

 

 

 

Daniel Albuja, estudiante de Relaciones Internacionales y Administración de Empresas de la Universidad San Francisco de Quito

 

 

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