El voto es la principal muestra de participación ciudadana y uno de los mecanismos más importantes de cualquier sistema político democrático. En Ecuador, la relevancia de este mecanismo de participación es bastante evidente y actualmente goza de gran legitimidad (en los últimos años, ningún Golpe de Estado ha logrado consolidarse).

La decisión de la mayoría es transcendental porque da dirección al rumbo que perseguiremos como sociedad. El voto es el símbolo de un presente influyente. Alude a la posibilidad de escribir la historia que el futuro nos ha dicho que existe. Votar es creer que la decisión de hoy tendrá las repercusiones deseadas mañana.

Escribir la historia parece ser la motivación perfecta para que las personas voten. En Ecuador, todos nos acercamos a las urnas a “exigir” nuestro derecho. Por tal razón, nuestro país debería enorgullecerse por ser un “ejemplo de democracia eficaz” a nivel mundial. Los procesos electorales tienen una acogida que muchos otros países envidiarían. Lamentablemente, el porqué de esto no es el imaginado. La exigencia no nace precisamente por el interés del ciudadano sino por el gobierno a través de la instauración del voto obligatorio.

Ante este panorama surgen muchas dudas sobretodo en la cuestión de qué es lo que representa aquel voto que se origina en una obligación. ¿Involucramiento social, compromiso político o responsabilidad ciudadana? El voto lograría representar todo aquello si consistiera en una participación real, pero cuando el acto voluntario se ha borrado de este acontecimiento es difícil saber si puede seguir representado aquello que en teoría simboliza. Sin embargo, es posible que a pesar de ser una obligación exista interés de los ciudadanos por participar impulsados por las razones anteriormente mencionadas. Aunque también hay otras opciones: el voto puede tener dos significados (que depende desde la perspectiva de quien lo analice) o puede que su significado sea “nada”.

La importancia que reside en los procesos electorales de dignidades se basa en gran medida en cuál de los candidatos recaudó más votos. La concepción del voto se limita a la de reflejar únicamente apoyo cuando hay otras manifestaciones que quedan desapercibidas como: la disconformidad o la confusión. Por ende, es necesario hacer un análisis del Voto Rechazo, Voto en Blanco y Voto Nulo.

El Voto Rechazo es bastante interesante. Se conoce exactamente cual será por quien no se votará. Está identificación suele ser útil para poder descartar las múltiples opciones y encontrar la nuestra ideal. Pero, en el voto rechazo el proceso se ve estancado pues no estás en busca de un ideal propio solo de llevar la contraria. A la final no importa a quien se apoye solo importa que no gane quien me ha decepcionado o aquel que no me inspira ningún tipo de confianza. Por ello, el voto rechazo suele buscar aquel candidato que tiene más posibilidades de ganar o de hacer perder a aquel que no quiero que gane. Así nuestro voto pierde profundidad y gana una superficialidad peligrosa.

El gran problema con este tipo de voto radica en que se lo suele confundir con el de apoyo. Surge de una decisión interpretada por dos significados. Las personas que votan saben el porqué de su decisión. Sin embargo, el candidato asume equivocadamente que los votos recibidos se deben a un apoyo real ya sea a su persona o a su plan de trabajo y eso hará que evite realizar cualquier modificación (la idea de cambio como necesario en una ideología política o en un plan de trabajo merecen un análisis específico que no será tratado en este artículo).  Por otra parte, lo valioso del voto rechazo es que se toma una decisión (aunque sea superficial).

El Voto en Blanco es lo contrario pues reina la confusión. No decidirte por ningún candidato a veces solo se sustenta ante un poco compromiso social o lo que es peor por el hecho de no tener una percepción personal. El voto en blanco carece de personalidad y de autonomía. El significado de aquel “nada” es justamente tomar la decisión de no decidir. En un sistema político democrático es preocupante y a nivel social también debería serlo pues el progreso depende de la capacidad de tomar decisiones y responsabilizarte con ellas.

El Voto Nulo tiene una esencia parecida a la del blanco, pero se sustenta en una razón: no me convence ningún candidato. Las personas que se deciden por este voto tienen un involucramiento social mayor y una percepción personal bastante definida (lo cual es bueno). Se diferencia con el de voto rechazo porque estos saben exactamente lo que buscan. Sin embargo, este tipo de voto tiene un problema pues si todos nos inclinaríamos por el mismo qué es lo que pasaría, no tendríamos un representante que lidere nuestro país (el debate de si se debe tener uno es otro de los temas que no se enfatizará en este artículo).

Ante este pequeño análisis podemos darnos cuenta que todo tipo de voto (inclusive el de apoyo) comparte un problema de base que origina los otros tratados. El mismo es creer que el cambio que esperamos depende exclusivamente de la autoridad política. Si cuando nos acercamos a las urnas tenemos este pensamiento en la mente nuestro voto no tendrá ninguna transcendencia especial. Será una simple obligación que no nos permitirá avanzar, nos aprisionará a vivir en un “pasado” que nunca se irá.

El proceso electoral es como un espejo, nuestro voto es nuestro reflejo. En estas elecciones busquemos que nuestro voto nos represente, analicemos propuestas e inclinémonos por ellas. Seamos críticos, pero tampoco busquemos perfección pues nunca la encontraremos. Seamos valientes en la toma de decisiones ya que si sentimos haber cometido una equivocación será una experiencia de aprendizaje.

Cuando te acerques a las urnas el próximo año ten presente lo siguiente: ¿Qué refleja mi voto? ¿Para qué sirve mi voto? Tu voto refleja quien eres y saber eso es dar un paso hacia adelante para transformar tu vida y tu alrededor. Tu voto es importante como tú lo eres para tu sociedad. No te minimices porque quien ansía progreso no puede vivir limitado por sí mismo, quien ansía cambio debe generarlo.

Autora:

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Joyce Robalino, estudiante de Relaciones Internacionales y Administración de Empresas de la Universidad San Francisco de Quito.

Un comentario en “El reflejo del voto

  1. En nuestro país, el sufragio se ha convertido en un sinónimo de democracia. Dejan de importar situaciones más relevantes como el exigir que se cumplan las promesas de campaña, las mejoras sistemáticas en diferentes campos, la transparencia y demás. La representación se convierte en nuestra única de oportunidad de tener voz y ejercer esa llamada “soberanía del pueblo” y, aún así ni si quiera este acto nace de la preocupación social sino de una imposición. Creo que este artículo enmarca, sin duda, la relevancia que tiene el voto, su implicación social y, sobre todo, cómo nos define como personas y, especialmente, cómo define nuestro rol de ciudadanos.

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