Según el Fondo Monetario Internacional, se gastan anualmente casi 14.5 miles de millones de dólares en subsidios para los combustibles fósiles en todo el mundo; monto que es aproximadamente el 15% del PIB del Ecuador. Si se comparan cifras anuales, esta también supera el gasto total en salud de todos los gobiernos del mundo juntos. Además del costo de oportunidad, este también depende del precio internacional de los commodities: petróleo, gas y carbón; por lo que resulta difícil planificar el monto total de dinero que se destinará en este pasivo. A parte, este subsidio es regresivo, pues beneficia más a las personas con mayores ingresos. Por ejemplo, las personas que pueden comprar un auto son las que se beneficiarían directamente de esta reducción en el precio, mientras que los usuarios del transporte público solo lo hacen de manera indirecta ya que no son ellos los que compran la gasolina personalmente. Si se quiere beneficiar a este último grupo se podría poner un subsidio directo al transporte público. En el caso del gas, el subsidio beneficia a todas las personas de manera más directa de acuerdo a su uso, aunque dependiendo del sistema de distribución, se podría diferenciar de esta manera los precios.
Además, este subsidio hace que el cambio a fuentes de energía renovable sea mucho más lento. Este hecho se lo puede poner generalmente de la siguiente manera: un subsidio a los combustibles fósiles es un impuesto a las fuentes de energía alternativa. No solo que muchas veces los costos de producción de las tecnologías alternativas para la producción de energía son generalmente mucho más costosos, sino que el subsidio a su sustituto termina de conformar una barrera de entrada muy difícil de atravesar.
Otro tema importante es la diferencia de subsidios que existe en los países,lo cual causa generalmente contrabando en las fronteras de los mismos. En este punto, la medida pierde por completo su objetivo, puesto que ni siquiera se estaría beneficiando directamente a la gente a quien estaba dirigido originalmente, además de la nula contribución a las arcas del fisco por ser parte de la economía informal.
A parte de estas razones puramente económicas, también existen las razones ambientalistas. Estas se refieren a los subsidios de los combustibles fósiles como un incentivo a la contaminación que sabotea cualquier plan de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. No solo eso, también disminuyen el efecto de cualquier intento de levantar algún impuesto “verde”. Siguiendo con la lógica de los incentivos, para que un impuesto pueda disminuir una actividad específica que se realiza de manera continua, debe ser de carácter marginal. Es decir, aumentar los costos de dicha actividad cada vez que vaya a ser realizada, y no simplemente una vez. Por ejemplo, si se intenta poner un impuesto al precio de un vehículo, de acuerdo al cilindraje, su efecto no va a ser el esperado ya que una persona podría hacer el “esfuerzo extra” por comprar ese bien y después lo compensaría aumentando su consumo que al fin del día estaría subsidiado. En consecuencia, se estaría incentivando al consumo de ese bien contaminador, en este caso el auto, y el efecto del impuesto “verde” se vería disminuido a uno meramente recaudatorio.
En el Ecuador, el pasado octubre a través del decreto 799, se buscó cambiar esta situación. Se decidió la eliminación parcial del subsidio de la gasolina de los aviones, así como la terminación de los precios fijos, al permitir la determinación de precios a EP Petroecuador del GLP, Diésel, Diésel Premium, Fuel Oil No 6 (residuo de petróleo) y gasolina. Este proceso se haría tomando en cuenta el costo promedio ponderado, costos de transporte, almacenamiento, comercialización y margen.
En cuanto a la gasolina súper, se planteó aumentar dos centavos cada mes en todas las gasolineras de esta empresa hasta llegar a los 2 dólares con 30 centavos. La frecuencia de dicha alza no se ha respetado y queda por verse el día del cumplimiento de dicha medida. Por su parte, el gas de uso doméstico, el país ha venido llevando a cabo un proceso de cambio de matriz energética en el que se busca reemplazar el uso de cocinas a gas por aquellas de inducción. En este ámbito, queda por ver cuál sería el ahorro neto en el subsidio una vez implementada por completo esta medida. No obstante, según un comunicado del Ministerio de Hidrocarburos, con este decreto se busca ahorrar alrededor de 300 millones de dólares anualmente.
Si bien las medidas que se toman tienen que ser paulatinas y deben tomar en cuenta su alto costo político, también representan una oportunidad. Los ahorros resultantes de la solución de este problema pueden ser importantes. Sobretodo, si se revierte el costo de oportunidad y este dinero es destinado a otros fines más deseables para la sociedad. En otras palabras y viendo el vaso medio lleno, si se quiere construir más escuelas, es mejor tener recursos destinados a fines menos eficientes y la capacidad de poder re direccionarlos, que ni siquiera tener dichos recursos.

Referencias:

Decreto 799: http://www.eluniverso.com/sites/default/files/archivos/2015/10/subsidios_de_combustibles.pdf

http://www.hidrocarburos.gob.ec/cambio-en-los-subsidios-al-diesel-y-fuel-oil-no-afecta-a-transporte-publico-ni-a-la-pesca-artesanal/

http://www.elcomercio.com/actualidad/subsidios-combustibles-ahorro.html

http://www.elcomercio.com/actualidad/subsidios-industrias-combustibles-gobierno.html

photo credit: I Love Texas via photopin (license)



Autor:

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Sebastián Reyes, estudiante de economía de la Universidad San Francisco de Quito.

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